13 enero 2026

Asamblea de las Naciones Unidas

Por Julio César Ascencio Quiroz

El 10 de enero de 1946 se inaugura en Londres la primera Asamblea General de las Naciones Unidas, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

La primera sesión ocurrió en el Central Hall de Westminster, en Londres. Era un edificio circular de la Iglesia Metodista, elegido por su capacidad y porque Londres era, en ese momento, el centro de la reconstrucción europea. ​Asistieron representantes de 51 naciones. Estas fueron las "naciones fundadoras" que habían firmado la Carta de las Naciones Unidas en San Francisco meses antes (junio de 1945) México fue uno de esos 51 países fundadores. Su delegación estuvo presente, reafirmando su compromiso con la paz internacional tras haber participado activamente en la guerra (con el Escuadrón 201).

En esta sesión se eligió al diplomático belga Paul-Henri Spaak como el primer Presidente de la Asamblea General. Él tuvo la tarea titánica de moderar un foro donde potencias como EE. UU. y la Unión Soviética ya empezaban a mostrar las tensiones que darían lugar a la Guerra Fría. ​Se confirmó la creación del Consejo de Seguridad. Se comenzó a discutir la ubicación definitiva de la sede,que terminaría siendo Nueva York gracias a una donación de la familia Rockefeller. ​Se estableció la Comisión de Energía Atómica, la primera resolución de la ONU, debido al reciente y traumático uso de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki.

​Ocurrió exactamente 26 años después de que la Sociedad de Naciones, el intento fallido tras la Primera Guerra Mundial, entrara en vigor. La ONU nació con la lección aprendida de que se necesitaba un organismo con más fuerza política y capacidad de intervención.

Aunque la narrativa oficial habla de "paz universal", la creación de la ONU en 1945 y esa primera asamblea en 1946 estuvieron profundamente marcadas por la intención de las potencias vencedoras —especialmente Estados Unidos— de institucionalizar su hegemonía.

La prueba más clara de los intereses de las potencias es que Estados Unidos, junto con la URSS, Reino Unido, China y Francia, se aseguraron el estatus de Miembros Permanentes con poder de veto. Esto garantiza que la ONU nunca pueda tomar una acción legal o militar contra los intereses directos de estas potencias. Si la Asamblea General (donde todos son iguales) decide algo que a EE. UU. no le conviene, EE. UU. simplemente usa su veto en el Consejo y la resolución muere. Así se explica su tozuda posición respecto de Cuba y en los días que corren con Venezuela.

​Tras la Primera Guerra Mundial, los EE. UU, entendieron que para ser la superpotencia mundial necesitaban un organismo que legitimara sus intervenciones. Es mucho más barato y políticamente aceptable intervenir en un país bajo la "bandera azul" de la ONU o con una resolución del Consejo, que hacerlo de manera unilateral. La ONU se convirtió en la herramienta para dar un barniz de legalidad internacional a la política exterior estadounidense.

​No fue coincidencia que la sede terminara en Nueva York y que la familia Rockefeller donara el terreno. Al albergar la sede, EE. UU. controla las visas de los diplomáticos (herramienta que ha usado para bloquear a enemigos) y, al ser el principal contribuyente financiero, ejerce una presión constante: "Si la ONU toma un rumbo que no nos gusta, dejamos de pagar nuestra cuota".

Para Estados Unidos, la estabilidad global era sinónimo de mercados abiertos. La ONU, junto con sus "hermanos" creados en la misma época (el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional), sirvió para establecer un orden económico basado en el dólar. La "paz" que promovía la ONU era la estabilidad necesaria para que el comercio estadounidense floreciera sin las barreras que existían antes de la guerra.

En 1946, la Guerra Fría estaba empezando. EE. UU. utilizó la primera Asamblea para consolidar un bloque de naciones aliadas (especialmente de América Latina, como México) para superar en votos al bloque soviético. La ONU fue, en sus inicios, un campo de batalla diplomático donde EE. UU. buscaba aislar la ideología comunista bajo el discurso de la "libertad".

Actualmente se pone en tela de juicio el actuar y la verdadera magnitud de las resoluciones de la ONU, así como las posiciones diplomáticas de los países que se atrevieron a hablar. No cabe duda que estamos ante una partición económica del mundo, en específico de las riquezas de Venezuela. El tiempo irá esclareciendo la información precisa de este reparto.



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