07 mayo 2011

Recuerdos que Duelen

Si ya lo tuviera, aunque fuera muerto, por lo
menos le haríamos su misa de cuerpo presente
y le rezaríamos por el descanso de su alma. Al
menos sabría a dónde ir para dejarle una flor… es
peor la angustia. ¡Qué bueno fuera que mi hijo
llegara ahorita! Anoche soñé que mi hijo estaba
bien flaquito y tenía mucha hambre y eso me
atormentaba, pero no pude darle de comer a mi
muchacho, porque en ese momento desperté.
Pág. 36
 
–Viendo tanto muerto, pienso que a mi hijo
le pasó lo peor, pero le pido tanto a Dios que creo
que mi hijo está bien. Y no sé que me duele más,
si la espera o el duelo. ¿Hasta cuándo esperar? Yo
sé que el dolor ya no se me va a quitar. No es que
mi marido no lo sienta. Lo sé porque me dice: ‘Sí
lo siento, pero nomás de verte a ti, si nos ponemos
igual, ¿a dónde vamos a llegar los dos?’
Pág. 36

–A mi muchacho le faltaba el dedo de en medio
del pie izquierdo y me dicen que no hay un
cuerpo con esa característica –cuenta la mujer
y esconde la cara entre las manos abultadas y
despellejadas por el lupus–. Lo he soñado flaco,
flaco.
Pág. 34
 
–Yo no sé por qué Dios, que con su poder todo
lo puede acabar, no deja inválidos y ciegos a esos
hombres y en cambio les permite hacer la muerte.
No quisiera yo que los mataran; quisiera yo que
vivieran sin nada.
Pág. 38

–Aquí puros recuerdos, sólo recuerdos… A veces
pienso que mi hijo quiso seguir mis pasos y eso yo lo vi
bien, porque él quiso seguir su sueño. Y luego pienso que
el mejor día de mi vida fue cuando lo vi nacer y la partera
me entregó al primero de mis hijos. El peor fue cuando
lo supimos desaparecido. Quise pensar que no estaba
pasando eso, pero tuve que darme cuenta de que sí está
pasando… no podemos aceptarlo.
Pág. 38
En la puerta de la entrada, es Eleazar quien
habla. “Ya no es el México lindo. Ahora es pura
pinche matanza. No es justo que los maten como
si fueran perros y los avienten a un agujero. Yo
nomás quisiera que enviaran el cuerpo de mi hermano
pa’ que mi mamá se convenza, enterrarlo y
seguir con la vida pa’delante.
Pág. 40
 
“Nosotros nos vamos a partir la pinche madre
allá, bajo el sol y la nieve. ¿Por qué no cuidaron
esa carretera de Tamaulipas si desde el año
pasado están abajando gente de los camiones?
¿Por qué Ómnibus siguió con las corridas por
San Fernando? ¿Por qué todos sabemos que para
pasar la frontera hay que pagarle al Zeta y nadie
hace nada? ¿Por qué los abajan, si ni siquiera es
pa’ secuestrarlos y mi hermano y los demás, yo
los conozco, no andaban de mañosos?"
Pág. 40

Elizabeth acaricia la cabeza de su hijo, de la que arrancaron
un mechón de cabellos en búsqueda de su padre.
El niño baraja la colección de fotos. Musita a sus primos:
“Este es mi papá cuando jugaba futbol”.
Pág. 42
Testimonios tomados del Artículo 
"Los desaparecidos en Tamaulipas"
Publicado por la Revista M-X

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