21 octubre 2016

Historia del Palacio Municipal de Tlaxco

NUEVO EDIFICIO

A mediados de enero de 1894 estaban totalmente terminadas, decoradas y amuebladas las oficinas que, en el edificio construido expresamente para Palacio Municipal en Tlaxco, entonces Villa de la Regeneración Estado de Tlaxcala, habían sido destinadas para los servicios del Ayuntamiento. 

Dicho edificio se construyó en terreno anexo al templo parroquial que antes estuvo destinado para cementerio.

Su fachada tenía una arquitectura sencilla y elegante. Constaba de un solo piso entre solado. En el centro de la fachada había cinco grandes puertas cuyas cerramientas remataban en arcos. Una de ellas daba acceso al interior del palacio por medio de una escalinata que daba al pórtico; las otras cuatro estaban resguardadas con rejas de fierro. A ambos lados de estas había balcones correspondientes a las  oficinas de la prefectura política y del juzgado de primera instancia, respectivamente. Inmediatamente después de la puerta de entrada y de las otras cuatro puertas grandes, se encontraba el mencionado pórtico que comunicaba a la prefectura con el juzgado de primera instancia.  En la pared, paralela a la fachada, limitando el pórtico, había también cinco puertas  que, como las anteriores, remataban en arcos. La de en medio daba acceso al patio y las otras cuatro estaban cubiertas con bastidores de madera envidriados. El patio embaldosado, era muy amplio y estaba rodeado de corredores. En el lado izquierdo del mismo, entrando por las puertas principales, estaban las oficinas destinadas al Juzgado Local, al Registro Civil y a la Tesorería Municipal y en el lado derecho estaban las Oficinas de Correos, de la Recaudación de Rentas, de la Administración de Timbre y de la Secretaria del Ayuntamiento. En el fondo estaba el salón de sesiones que era muy amplio y tenía cinco puertas de entrada, todas coincidiendo con las de la fachada principal y las de la pared norte del pórtico. Este salón era el más lujosamente decorado  y amueblado: de sus muros colgaban grandes espejos franceses: de los techos pendían candelabros y arañas de cristal; sus puertas estaban adornadas con rojos cortinajes; en la plataforma para los miembros de H. Ayuntamiento había una mesa grande con cómodos sillones, y el lugar destinado para el Presidente Municipal, un dosel de color rojo. Todo el edificio tenía una plantilla paralelógrama rectangular. 

Se inició su construcción en el año de 1886 ayudando económicamente al Erario del Estado los hacendados y los comerciantes del Distrito de Morelos.

Hubo dos proyectos: el del Arquitecto Muñoz y el del Arquitecto Olvera que fue el aprobado. Este inicio la dirección de la obra; después, y teniendo a la vista el plano y proyecto, la terminaron los maestros en albañilería Manuel García y Antonio Chumacero.

Costo la construcción, decoración y mobiliario $58.000.00.

PREPARATIVOS PARA LA INAUGURACION.

Desde el domingo 21 de enero de 1894 la prensa diaria de la capital de la República publicó la noticia de que el 28 siguiente, a las 8 de la mañana, se inauguraría este Palacio Municipal, que el coronel Prospero Cahuantzi, Gobernador del Estado y demás autoridades locales, acompañados de los hacendados Manuel Sanz, Bernardo  González,  José  Ma. González Pavón, Manuel  de Drusina, Rafael Bernal, Ignacio González, Carlos González, José de la luz Moreno y Miramón, Lic. Mariano Grajales y Miguel Pavón, habían invitado al General Porfirio Díaz, Presidente de la República,  para que apadrinara el acto inaugural, al que también habían sido invitados para que los presenciaran Senadores y Diputados Federales Ministros de la Suprema Corte de Justicia, diversas personalidades de la administración Federal y los Gobernadores de los Estados de México, Puebla e Hidalgo.

Teniendo el Coronel Prospero Cahuantzi la seguridad de la visita del Presidente de la República, se hicieron todos los preparativos para que las fiestas, sujetas a riguroso programa, duraran del 26 al 28 de este mes de enero.

Todos los funcionarios del Estado y de los Municipios fueron citados oportunamente para que permanecieran los días 27 y 28 en Tlaxco, seleccionándose a la vez los mejores valores intelectuales y  artísticos para que tomaran parte en los actos programados.

El viernes 26 se trasladaron a Tlaxco los funcionarios locales y Federales y la mayor parte de los Ayuntamientos.

El sábado 27, a temprana hora, ya estaban adornadas las calles principales de la Villa de Tlaxco. Desde el casco del entonces Rancho de San Juan, anexo a la hacienda de Xalostoc, hasta el frente del Palacio Municipal, se levantaron numerosos arcos y entre pared y pared de las calles por donde iban a transitar los coches que conducirían al Presidente de la República y su comitiva, se tendieron hilos con banderolas tricolores cuyo conjunto daba el aspecto de un larguísimo salón. A las cuatro de la tarde de ese día, Tlaxco la Villa de la Regeneración, con sus calles angulosas empedradas y embanquetadas y sus fachadas recientemente pintadas, estaba llena de visitantes de todas las regiones del Estado y hasta de la sierra norte de Puebla.

El Prefecto Político Manuel Romero Avalos, el Juez de Primera Instancia Lic. Ramón Maldonado, el Recaudador de Rentas Ignacio Medina, el H. Ayuntamiento  con su Presidente Ignacio González y su secretario  José Ma. García y los Directores de las Escuelas Oficiales: del centro Vicente Coca y del barrio grande Isabel  H. Gracia, así como los representantes de todos los H. Ayuntamiento del Estado y de los empleados de la capital del mismo y de las cabeceras de Distrito, Se instalaron a las seis de la tarde frente al Palacio por inaugurar, con objeto de esperar a sus prominentes visitantes.

VIAJES DEL PRESIDENTE DIAZ Y DEMAS VISITANTES.

A las dos de la tarde de ese sábado salió de la Estación Buena Vista de la capital de la República, un tren especial del Ferrocarril Mexicano compuesto de un Carro Palacio, otro de Primera otro de Tercera y uno de equipajes, conduciendo al Presidente Díaz a su comitiva a la Estación Guadalupe del Estado de Tlaxcala. Dicha comitiva la integraron los Generales Miguel Negrete, Francisco Ramírez, Eugenio Rascón, Manuel Santibáñez, Abraham  Plata, Juan N. Méndez, Sebastián Villareal, Martin González, Luis Pérez Figueroa e Ignacio Escudero y los Coroneles Prospero Cahuantzi, Joaquín Maas, Juan Duran y José Medrano; senador Joaquín Redo, y Señores Rafael Serrano Aguirrezabal, Jorge Carmona, José Sánchez Ramos, Carlos Reinet, Ignacio Corona, Lic. Manuel Loaiza, Magistrado del Tribunal Superior de Justicia del Estado y Diputados Locales Manuel Cuellar y Librado Moreda, Despidieron al primer magistrado de la Nación, el General Mariano Escobedo Oficial Mayor de la Secretaria de Guerra; el Lic. Manuel Mercado, Oficial Mayor de la Secretaria de Gobernación; el General Velez, Comandante Militar del Distrito Federal y diversos jefes y Oficiales de los Batallones de Ingenieros 1º.,6º., y 17º.,de infantería 1º.,2º.,3º., y 4º., de Artillería, Gendarmes del Ejercito y 7º. Regimiento. Al partir el tren una batería del 4º. Batallón de Artilleros hizo una salva de veintiún cañonazos  y las Bandas de Música del 10º.Batallon y del 8º. Regimiento ejecutaron el Himno Nacional.

El Presidente Díaz y sus invitados especiales ocuparon el carro Palacio y el resto de la comitiva ocupo el carro de Primera. En el carro de tercera se instaló la escolta.

En todas las estaciones del Ferrocarril Mexicano se congregó el pueblo al paso del tren vitoreando al Presidente. Las Autoridades le daban la bienvenida y los destacamentos Federales, Perfectamente alineados, presentaban armas. En algunas de ellas las bandas de música de los pueblos inmediatos tocaban el Himno Nacional. En san Juan Teotihuacán subió al tren presidencial el General Luis León y le hizo los honores el 10º: Cuero de Rurales al mando del Teniente Coronel Luis Bringas, así como una sección del 4º. De Rurales, Después de las  cuatro y media de la tarde llegó el tren a la Estación Guadalupe. Allí el entusiasmo fue mayor que en las demás Estaciones. Dos bandas de Música tocaron el Himno Nacional. La banda de la Fuerza de Caballería del Estado tocó marcha de honor. En las lomas cercanas se dispararon camarazos y se quemaron cohetes. Muchos campesinos, sirvientes de las haciendas cercanas, gritaban Vivas al Presidente.

TRASLADO DE LA ESTACIÓN GUADALUPE A TLAXCO
   
Después de que los representantes de los tres poderes del Estado de Tlaxcala, encabezados por el Gobernador Prospero Cahuantzi, dieron la bienvenida a los visitantes y de que estos hubieron bajado del tren. El Presidente Díaz ocupó uno de los cuarenta coches que se pusieron a la disposición de la comitiva. Lo acompañaron el Gobernador Cahuantzi, el General Juan N. Méndez. Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el Senador Joaquín Redo.

En los coches siguientes se instalaron los Generales y Coroneles mencionados y los demás acompañantes del Presidente Díaz: Licenciados Felipe López Romano, José Ma. Espejel, Francisco Zempoalteca, Juan Alarcón, Agustín Maldonado, Juan Payán León, Felipe Almazán, Manuel Calva y Manuel León; Diputados: Jorge Carmona, Lic. Rafael Casco, Blas Carbajal, José Ma. González Pavón y José Ma. Zaldívar; señores Dr. Martínez Ramos y Manuel Sanz y los representantes de los periódicos capitalinos: El Universal y El municipio Libre, La Federación y La Patria, El diario del Hogar, El Tiempo, El porvenir de México, El Nacional, El Partido Liberal y El Correo del Lunes, respectivamente; Gabriel Villanueva, José Ma. Zayas, Federico García, Julio Arreola, Abelardo Carrillo, Enrique P. Beteta y Alfonso Rodríguez Monda. Otros muchos invitados del Gobernador del Estado, procedentes de México y de Puebla también abordaron los coches.

Trescientos Charros lujosamente ataviados procedentes de las fincas de los Distritos de Tlaxco, Huamantla y Calpulalpan montando finísimos caballos, escoltaron el coche del presidente de la República desde la Estación Guadalupe hasta Tlaxco. Entre ellos iban algunos Presidentes Municipales y los más distinguidos hacendados.

Aunque el camino, con desarrollo de seis laguas, no estaba en buenas condiciones para el tránsito, todos los viajeros iban muy contentos porque la tarde estaba serena, permitiéndoles contemplar el paisaje y recordar a no pocos de ellos, sus aventuras guerreras en el Popocatépetl, el Iztaccíhuatl, Matlalcueyetl y la Sierra de Tlaxco.

Solo al coche en donde iban el Dip. José Ma. Zaldívar y un hijo del General Martín González, se les desgranó una rueda.

Cinco bandas de Música instaladas en lugares cercanos, a Atlangatepec, Sta. Clara Ozumba, San Baltazar, Payuca y San Juan, Tocaron el Himno Nacional y dianas al paso del presidente y de su comitiva. En estos propios lugares levantaron arcos triunfales. En jurisdicciones de Sta. Clara erigieron tres arcos: el primero adornado exclusivamente con manojos de cebada, el segundo con pencas de Maguey y el último con  mazorcas de Maíz.

En el casco del rancho de San Juan hizo los honores al presidente el 2º. Batallón de la Guardia Nacional disparando una salva de veintiún cañonazos y algunos pelotones del 6º. Cuerpo Rural y la Gendarmería del Estado, desde allí escoltaron a la comitiva.

LLEGADA A TLAXCO

A las siete de la noche los camarazos, los cohetes, y los repiques anunciaron a todos los congregados en Tlaxco que el Presidente de la República. General Porfirio Díaz y El Gobernador del Estado Coronel Prospero Cahuantzi, acompañados de la comitiva, habían llegado. Al bajar de los coches frente al Palacio que se iba a inaugurar, una enorme multitud los rodeó aclamándolos y vitoreándolos. El Presidente y El Gobernador entraron al local destinado para Prefectura política, cambiando impresiones de asuntos que no trascendieron a la comitiva.

Y los dos enemigos durante el movimiento que tuvo como bandera el Plan de la Noria; el victimario y la victima en aquella lucha, como lo atestiguaban, el General Abraham Plata, la Hacienda de Huexotitla y el propio Tlaxco. Ya convertidos en Gobernantes estrechamente unidos y en completa armonía, eran objeto de la admiración y del aplauso de los congregados.

En seguida fue instalado el presidente en el local dedicado para oficinas del Juzgado de Primera Instancia, convertido en cómoda alcoba. En la pieza que comunicaba con el pórtico recibió a los Funcionarios del Estado y a los integrantes de los Ayuntamientos, quienes acudían a darle la bienvenida y a ofrecerles sus respetos.

Los demás visitantes fueron instalados en otras oficinas del palacio y en diversas residencias particulares.

ALEGRIA EN TLAXCO.

A las ocho y media de la noche los dos gobernantes y su comitiva recorrieron la Plaza Principal donde el bullicio y la alegría eran contagiosos. Causaban admiración los riquísimos trajes de charro y los sombreros galoneados de los hacendados y de los respectivos administradores de Tlaxco, Huamantla y Calpulalpan; Las calzoneras y chamarras de gamuza de los ranchos de Tlaxco, Atlangatepec y Tetla; los finísimos atavíos de las familias de los hacendados y los almidonados vestidos de las rancheras que contrastaban con el humildísimo vestido de los peones que obligados por sus “amos”, concurrían a la recepción, aunque con el consiguiente menosprecio.

Después de haber presenciado aquella escena y de escuchar algunas de las piezas de música ejecutadas por la Banda del Estado, bajo la batuta de D. Sixto C. Salinas, se dirigieron al salón de sesiones del Palacio Municipal donde el H. Ayuntamiento de Tlaxco, ofreció una cena, cuyos platillos consistieron en sopa de Arroz a la Veracruzana, Filete Ruso, Pavo al horno y frijoles a la mexicana roseados con vino y licores de superior calidad. Una bien coordinada orquesta denominada Sta. Cecilia, integrada por los mejores filarmónicos de Tlaxcala, Chiautempan, Panotla, Totolac y Yauhquemehcan, dirigida por los señores Fernando Lima y Miguel Muñoz, amenizaron la cena. Los visitantes aplaudieron repetidas veces las piezas ejecutadas, todas de compositores Tlaxcaltecas.

Después de la cena, todos contemplaron las grandes fogatas que los rancheros encendieron en la cima del cerro. El campamento con el objeto de recordar el General Díaz y al General Juan N. Méndez que en esa abrupta región de la sierra de Tlaxco, pernoctaron la noche del 15 de noviembre de 1876 parte de las tropas regeneradoras del General Manuel González las cuales, en los momentos en que la batalla del 16 siguiente era más sangrienta e indecisa, cayeron de improvisto en la llanura de Tecoac, auxiliando al grueso del ejército comandado por el propio Gral. Porfirio Díaz, ocasionando la completa derrota de las tropas gobiernistas al mando del Gral. Ignacio de la Torre. Esas fogatas duraron toda la noche.

Y aunque la serenata en la plaza principal terminó hasta la media noche, el presidente Díaz se retiró a descansar a las diez. Los demás altos jefes militares y los funcionarios federales siguieron solazándose, atendidos por el gobernador Cahuantzi y demás funcionarios locales, distrayéndose muy especialmente con los agudos e ingeniosos cuentos del General Manuel Santibáñez.

VISITA A LOS CENTROS EDUCATIVOS DE TLAXCO.  

A las siete horas del domingo 28, después de que saludaron al Presidente las músicas, los cañones y los repiques y de que el vecindario y demás visitantes invadieron en masa las calles concurrentes a la Plaza Principal. El primer magistrado de la nación hizo un breve recorrido a la población visitando las escuelas oficiales y el asilo de Santa Martha para niñas huérfanas. El Gobernador Cahuantzi y numerosos funcionarios del Estado lo acompañaron.

A las ocho y media de la mañana se sirvió el desayuno, en el pórtico del palacio, a todos los visitantes.

SOLEMNE ACTO INAUGURAL. 

A las nueve y media horas comenzó el acto inaugural sujeto al siguiente programa:

I. Obertura por la Orquesta Santa Cecilia.
II. Informe del Gobernador Constitucional del Estado, Coronel Prospero Cahuantzi.
III. Pieza de Música por la Banda del Estado. 
IV. Declaratoria de inauguración del Palacio Municipal por el C. Presidente de la República.
V. Discurso Oficial por el Lic. Ricardo M. Souza, Secretario General de Gobierno.
VI. Obertura por la orquesta. 
VII. Poesía por el señor Gabriel Villanueva. 
VIII. Lectura y firma del acta de inauguración del Palacio Municipal.
IX. Himno Nacional por la Banda del Estado.

Fue insuficiente el salón de sesiones para contener a cuantos deseaban presenciar el acto. Los números a cargo de la orquesta y de la Banda del estado fueron muy bien ejecutados, mereciendo cálidos aplausos.

Al reunir su informe el Gobernador Cahuantzi, con voz firme y con su peculiar acento, agradeció al presidente su visita; hizo apreciaciones acerca de la influencia y significado de las mejoras materiales realizadas en el estado; encomió el carácter emprendedor y laborioso de los hijos de Tlaxco y concluyó suplicando al señor Presidente declarara inaugurado el Palacio. Dijo que “ya había quedado inaugurado en nombre de Dios, pero que deseaba la sanción del acto por el señor Presidente” para que desde esa fecha se denominara Palacio Municipal de Tlaxco.

En seguida el señor General Porfirio Díaz Presidente de la República, se puso de pie y con voz sonora dijo: “HOY 28 DE ENERO DE MILOCHOCIENTOS NOVENTA Y CUATRO, QUEDA SOLEMNEMENTE INAUGURADO EL PALACIO MUNICIPAL DE TLAXCO E INSTALADAS EN ÉSTE LAS OFICINAS PÚBLICAS”.

Aplausos, vítores, dianas de la orquesta y de la Banda del Estado, repiques, cámaras, cohetes y demás demostraciones de júbilo siguiendo a la declaratoria.

El Lic. Ricardo M. Souza produjo una brillantísima pieza oratoria habiendo dejando una honda impresión entre los concurrentes y especialmente a los miembros de la comitiva y a los representantes de los periódicos capitalinos, por su talento y su erudición. Terminó con una afortunada figura recordando el movimiento de Tecoac en Tlaxcala cuando “MIENTRAS EL DIOS DE LA VENTURA DETERMINARA, LOS GENERALES MÉNDEZ, GONZÁLEZ Y BONILLA REPRESENTABAN, RESPECTIVAMENTE, LA PRUDENCIA, LA RESOLUCIÓN Y EL CONSEJO”. El presidente Díaz lo felicitó. 

Dio fin la ceremonia oficial con la lectura del acta, firma de esta y el Himno Nacional.

A continuación las fuerzas rurales del Estado y las de la Guardia Nacional así como los funcionarios locales y municipales, las representaciones de los hacendados de los comerciantes y de los charros, desfilaron frente al palacio en cuya puerta principal estuvieron el Presidente de la República, el Gobernador del Estado, el Presidente de la Suprema corte de Justicia, el Representante del Senador y los altos Jefes Militares.

BANQUETE EN EL PATIO DEL PALACIO.

A las doce y media del día se sirvió el banquete para doscientos cincuenta comensales en el patio de Palacio convertido, a esas horas, en hermoso salón comedor. Se arreglaron cinco grandes mesas en cuyo fondo estaba la de honor. Tanto el patio como las mesas estuvieron adornadas con flores artificiales donadas por las señoritas María y Luz Galindo.

El menú fue como sigue: Consomé, Macarrones a la italiana, filete en salsa negra con papas al vapor, val au vant de ostiones, guisado de pollo con chicharos, barbacoa enchilada con salsa verde, barbacoa blanca con salsa colorada, mole de guajolote, frijoles a la veracruzana, gelatinas, dulce, fruta, the, vinos y café preparado por Ángel Moreno.

Muchos de los comensales procedentes de la ciudad de México prefirieron el vino del Maguey. 

Aunque el Presidente de la República tenía su servicio personal de cocineros y estos condimentaron los alimentos que el acostumbraba, solicitó los siguientes platillos: menudo, guisado y barbacoa que saboreó con deleite.

A la hora del champagne empezaron los brindis. El Lic. Manuel León, Juez de Primera Instancia en Apizaco, brindó en representación de los habitantes del Distrito de Morelos. En seguida brindó en representación del Gobierno del Estado, el Lic. y Diputado Rafael Casco quien por su brillante fraseología conmovió al General Díaz. Después brindo el Senador Redo a nombre del Congreso de la Unión, siguiendo los representantes de los periódicos la Federación y el Partido Liberal. D. José Ma. Zayas brindó a nombre de los demás representantes de periódicos allí presentes. D. Alfonso Rodríguez Moreda brindó en verso. Después de escuchar a D. Amado García y al Lic. Rafael Serrano Aguirrezabal, Fiscal del Tribunal Superior de Justicia del Estado, el Gobernador Cahuantzi, contagiado de entusiasmo, también brindó contestando el Presidente Díaz muy emocionado agradeciendo la invitación que se le hizo, y la oportunidad que se había dado para estar rodeado de sus antiguos y leales amigos y por las distinciones de que había sido objeto; después de encomiar a los agricultores y a los comerciantes, así como al Estado de Tlaxcala por el paso que habían dado en el sendero del progreso, terminó así: “Brindemos porque el pueblo mexicano en general, tenga siempre como norma el trabajo y la honradez, el progreso y el respeto a la ley”. 

CORRIDA DE TOROS.

A las dos y media de la tarde se retiraron del comedor las doscientas cincuenta personas que se sentaron a la mesa y otras más que quisieron compartir de la convivialidad, trasladándose a la plaza de toros la corrida iba a hacer de paga; pero a moción del señor Presidente y de otras personas de su comitiva, entró a divertirse gratuitamente el pueblo que se hallaba congregado en las afueras de la plaza.  

El ganado que se lidio fue de la Hacienda de Piedras Negras y como la cuadrilla contratada de Rafael Arana y José León Cortes estuvo desafortunada, con permiso de la autoridad entraron a torear Romario González y sus hermanos, quienes fueron muy aplaudidos.

REGRESO A LA CAPITAL DE LA REPÚBLICA.

Sólo vio lidiar dos toros el Presidente Díaz, pues a las cuatro de la tarde abandonó la plaza, seguido de los miembros de su comitiva, abordando los coches que ya estaban en las puertas de ella trasladándose inmediatamente a la Estación de Guadalupe, a la que llegaron completamente empolvados hora y media después de su salida de Tlaxco, abordando el tren especial que desde el día anterior ahí permaneció custodiado por los gendarmes de la capital del Estado. Antes de salir de Tlaxco, se le obsequiaron con ejemplares del número extraordinario del periódico local “La antigua República”.

A las ocho y cuarenta minutos de la noche llegaron a la estación Buenavista donde esperaron al Presidente Díaz el Gral. Francisco A. Vélez, el Gral. Pedro Rincón Gallardo Gobernador del Distrito Federal y los Jefes y Oficiales Francos de la Guarnición. 

EL GOBERNADOR CAHUANTZI SE DIRIGE A TLAXCALA.

El Gobernador Prospero Cahuantzi y sus acompañantes, después de despedir a los ilustres viajeros esperaron en la Hacienda Guadalupe la llegada del tren directo México—Puebla. 

Abordando este, bajaron en Chiautempan para tomar los tranvías que los esperaban para trasladarlos a la capital del Estado.

Todos llegaron a sus domicilios rebozando alegría por haber tenido el honor de convivir con el hombre fuerte de la patria Mexicana en esa época de nuestra historia.

EN TLAXCO SIGUIÓ LA FIESTA.

Después de la corrida de toros siguió el baile hasta media noche, vecinos y visitantes disfrutaron en la Plaza Principal de las escogidas piezas ejecutadas por la Banda del Estado o en el Salón del Ayuntamiento se deleitaban con las que ejecutaban la orquesta Santa Cecilia. En las casas de las personas de representación y en las humildes del vecindario en general, se comentaban con entusiasmo las escenas desarrolladas en los dos días. La presencia del Presidente de la República, la satisfacción del Gobernador del Estado, las demostraciones de contento de los acompañantes del Señor Presidente, el bello aspecto de la población con sus arcos y composturas, el valioso atavío de los charros Tlaxcaltecas. La finura de sus caballos y el colorido que daban los visitantes procedentes de otras regiones del Estado y de la Sierra Norte de Puebla.

El 29 siguiente se dio una comida al 2º batallón de Tlaxcala y por la tarde hubo jaripeo y el 30 regresaron a los diversos lugares de su vecindad los visitantes en Tlaxcala, Apizaco, Huamantla, Calpulalpan, Chiautempan y Zacatelco. Se comentó por mucho tiempo la fortuna que tuvo Tlaxco de recibir la visita del Primer Magistrado de la Nación.

Para escribir esta reseña se tuvieron a la vista las crónicas de los periódicos capitalinos. EL UNIVERSAL, EL MUNICIPIO LIBRE, LA PATRIA, LA FEDERACION, EL DIARIO DEL HOGAR, EL TIEMPO Y EL PARTIDO LIBERAL, así como la del periódico oficial “EL ESTADO DE TLAXCALA”.

Datos obtenidos mediante Ricardo Fernández de Lara y Miguel Ángel Márquez



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