30 mayo 2012

“El Padre Conti”

Por Ricardo Fernández De Lara Sánchez
Su nombre completo fue Salvador Díaz Conti, fue originario de San Pablo Apetatitlán, Tlax., y todos le decíamos “Padrecito Conti”.
Se cuenta que llegó a esta parroquia hace muchas décadas, en tiempos de la Revolución, y que el motivo por el cual el Arzobispo de Puebla (en ese tiempo no había Obispo en Tlaxcala y dependíamos eclesiásticamente de la Arquidiócesis de Puebla) lo comisionó en esta parroquia, fue que como el Padre Conti era enfermo del sistema nervioso, el prelado pensó que el clima que reina en este lugar, le serviría como medicina.
Al Padre Conti se le atribuyen un sin número de acciones naturales y sobre naturales, que toda la gente que lo conoció lo comenta con firmeza.
Algunos ejemplos de estas acciones: Se dice que confesaba a los muertos; que se cargaba la montura de su caballo cuando consideraba que el corcel ya se había cansado; que cuando partía a sus dominicas en muchas ocasiones lo sorprendía la lluvia y él, aún cuando no llevaba protecciones, no se mojaba; que durante la noche, se formaba una especie de resplandor sobre su cama mientras él dormía; que lo mismo te confesaba en el templo, que en la misma calle; también rezaba responsos por las ánimas en el lugar que se los solicitaras; (siempre llevaba consigo un agua bendita, su estola y su sotana arremangada). A la hora que fuera, administraba el sacramento del bautismo; acompañaba a los difuntos al camposanto (claro que esto fue antes de las reformas que trajo el Concilio Vaticano II).
Cuando se sentaba a la mesa a comer, ya fuera en la casa cural o en cualquier otra donde lo invitaran, se comía la sopa, los frijoles y alguna tortilla; pero el guisado siempre lo envolvía en dos tortillas, se lo guardaba en la bolsa (a veces hasta asomaba la pierna del guajolote) y en la calle, al primer indigente que encontraba, le obsequiaba el taco.
Hacía sus ahorros y en muchas ocasiones, acudía al seminario menor (se encontraba en San Pablo Apetatitlán) y dirigiéndose al rector, le solicitaba la presencia del alumno más necesitado y una vez que le era presentado dicho alumno, el padre en su presencia cubría el importe de un año de colegiatura (becas).
Uno de sus apostolados lo realizaba con los niños, con quienes tenía una especial atención. Los acercaba a la Iglesia, invitándolos para que fueran monaguillos (algunos de ellos ya son sacerdotes) y les enseñaba latín (idioma de la liturgia), y también les enseñaba a cantar la misa. De los acólitos que recordamos figuran entre ellos: Evaristo Arroyo León (llegó a ser diputado), Jesús Hernández Morales (taxista afamado), Carlos Montiel Sánchez (fue recaudador de rentas), Roberto Hernández, Teófilo X., Efrén Hernández Sosa, Efrén Zamora Balderas (El Polvorón), Miguel Zamora Balderas, Arcadio Hernández Barrera (arquitecto), Manuel Fernández De Lara Sánchez (Maestro), Fidel Hernández (fue sacristán), Gerardo Hernández, Miguel Arroyo (El Pajarraco), Mario Arroyo Montalvo (Contador Público), Ricardo Fernández De Lara Sánchez (su servidor), Salomé y Benigno Olvera García, Ángel y Honorio Espinoza Martínez, Jesús Sida, Jesús Badillo Jr., Andrés Lima Rodríguez, Raúl y su hermano el “Viti”, de apellido Rodríguez (hijos del “Chano” el del camión), Luis Carmona González, Javier Méndez y muchos más.
En tiempo de vacaciones el Padre Conti llevaba a pasear a los niños acólitos a diferentes partes como México D. F., Veracruz, Tampico, etc.
Fue un sacerdote que todavía utilizó el púlpito que se encontraba empotrado en la pared de la parte izquierda de nuestro templo parroquial.   
En el folleto titulado “La Perla de la Sierra Tlaxco”, que editó el H. Ayuntamiento 1999-2002, la maestra que trabaja mucho por los niños y jóvenes, Mari Morales Paredes, nos narra como el padre Conti fue a confesar a un muerto. Y en el libro titulado “Voces Fértiles” (relatos de Tlaxco), que escribe Crispina Sevilla Pineda, también encontramos testimonios de algunas personas que nos narran esta misma situación. También en ese mimso libro, encontramos una frase de Conchita Pérez (Mamá de Roberto y Cotelín) que llama mucho la atención y que bien cabe en estas narraciones: “Dicen que un buey voló; puede que sí, puede que no.”
Don Ismael Montiel q. e. p. d. (papá de Lucha y Carmelita Montiel) nos contaba que en una ocasión, siendo el Presidente de la Asociación de Adoración Nocturna, un jueves primero de mes, como a las 10 de la noche, fue al curato por el Padre Conti con el fin de que iniciara los actos litúrgicos de esa noche y que al pasar por el lugar donde hoy es la cancha parroquial (en ese tiempo pletórica de hierbas y piedras) el Padre Conti le indicó que lo esperara un momento. Don Ismael detuvo el paso y observó como el Padre se sentaba en una piedra y parecía que escuchaba a alguien para quien en un momento dado impartía una bendición. Después le pidió un cigarro a Don Ismael y una vez que se lo fumó, le indicó que podían continuar. (En ese tiempo fueron muy famosos los cigarros “Carmencitas” que eran muy pequeños y costaban 15 centavos en la tienda de Don Arcadio.
En el año de 1957 el padre nos invitó a un grupo de monaguillos (5) para que fuéramos con el de paseo a Veracruz. Nos llenamos de emoción porque por fin conoceríamos el mar. Salimos de esta ciudad y al llegar a México, el padre detuvo un taxi (en ese tiempo circulaban cientos de taxis, pintados unos de calandrias y otros de cocodrilos) pidiéndole que nos llevara a Chapultepec para que conociéramos la carroza de Maximiliano, lo cual fue aceptado por el taxista; pero al llegar al castillo nos encontramos a unas monjitas que solicitaron el servicio del taxi, el cual fue negado por el chofer puesto que nos iba a esperar. El padre le dijo que las llevara al lugar que le estaban indicando y después regresar a por nosotros, toda vez que durante ese tiempo, nosotros estaríamos ocupados conociendo lo que ya dije antes. El chofer aceptó y emprendió el viaje con las monjitas. Una vez que terminamos el recorrido salimos a esperar el taxi, el cual no llegaba. El padre se empezó a impacientar (era enfermo de los nervios) y grande fue su coraje al darse cuenta que en el coche se había ido su maleta donde guardaba cosas importantes. Nos repitió varias veces que nunca más nos volvería a llevar y cuando llegó otro servicio de alquiler el padre muy enojado nos indicó que lo abordáramos. El coche nos llevó a un restaurante que se ubicaba en la calle 5 de mayo casi junto al zócalo capitalino, se llamaba restaurante “Beto” (ahí conocían al padre). Nos sirvieron de comer. El ambiente era frío y triste. Al terminar de comer, el padre nos dijo que paráramos un taxi para que nos llevara a la terminal para regresar a Tlaxco y que se suspendía el viaje a Veracruz. Efrén “El Polvorón” le hizo la parada a un taxi y asómbrate querido lector, que ese automóvil fue el mismo que nos llevó a Chapultepec. El chofer dirigiéndose al Padre le dijo: “¿Qué pasó? Cuando llegué por ustedes ya no estaban, aquí traigo su petaca en la cajuela.” El Padre con el rostro sonriente miró al cielo y quién sabe que dijo en voz baja. Aquí está lo inédito, abordamos el vehículo y cuál sería nuestra sorpresa que el padre le dijo al chofer que nos llevara a la estación del ADO porque nos íbamos a Veracruz.
Cuando regresamos a esta ciudad lo primero que comentamos con nuestras familias fue este hecho sobrenatural. Porque les decíamos que como era posible que ese coche que nos dejó por la mañana en Chapultepec, fuera el mismo que íbamos a encontrar después de un largo tiempo y estando en lugares muy diferentes. Como respuesta obtuvimos que eso no tenía nada de extraordinario, que al fin éramos unos niños.
Pero si investigamos más sobre estos acontecimientos, encontraremos que no sólo el Padre Conti, sino que muchos ministros de la Iglesia, poseen estas gracias especiales.
El Padre Conti se fue al cielo en el año de 1963 y sus restos están sepultados en el Templo Parroquial de este lugar.  

4 COMENTARIOS:

Anónimo dijo...

Bien por el Profe. Richard

Me pueden decir si en este año va a haber cena del Club Deportivo Verdes, me gustaria acudir, el año pasado me invitaron pero supe de ello despues de la fecha.

Hace muchos años fue el deportivo Guadalajara, ahi jugaban, Angel Espinoza, Javier Islas, el calzon, el portero era Efren el polvoron, yo fui su mascota

Anónimo dijo...

Bien por el Profe Richard

Anónimo dijo...

muy buena columna profesor ricardo yo soy ex alumno de la escuela secundaria carlos gonzales y le doy grasias por publicar todo esto

juan salvador mota becerra on sábado, 19 de enero de 2013, 22:34:00 GMT-6 dijo...

yo también conocí y trate al padre conti,y también escuche esas versiones relativas a su vida, también vi, y me consta, que muchas veces no iba a comer o a cenar a comedor de la casa cural, sino que en su cuarto tenia algunas verduras ya casi secas y se hacia tacos de jitomate o de tomate verde y chiles verdes casi secos.y les ponía bastante sal.Yo estudie en el seminario de san pablo apetatitlan apetatitlan,y algunas veces me mando giros por 3 pesos, o por 5 pesos.Era demacrado austero. una ocasión que fuimos a mexico a esperar al obispo don luis muniv e , que regresaba de roma en la primera etapa del concilio vatican o segundo, tambien estaban presentes el seminariste, en ese tiempo, manuel zamora, ahora sacerdote y el padre luis hernandez bicerector del seminario de ocotlan. el seminarista se dirigio al padre conti y le presento al padre luis y lo adorno con muchos titulos y destaco su cargo como vicerrector, a lo que el padre conti, levanto la miorada, lo observo y expreso,"he,he,he,he,muy diestro."Lo recuerdo con su abrigo negro a la rodilla,sus zapatos grices de polvo, su caballo flaco, que si le ponías la mano encima al caballo , sacaba polvo.Una oc asion le pregunte porque su caballo estaba tan flaco? y me contesto: " no se, puede que este viejo, porque come un canasto de paja y un litro de cebada y vastante agua.









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